viernes, 4 de abril de 2008

Pedires


Madre tierra que me salvas con tu lluvia limpia, alimenta mi sueño y lava el dolor del alma pobre. Mezcla el agua de tu cielo con la de mis ojos. Saca de tu techo gris el amor y el dolor de los que fueron y de los que vendrán. Tú que sabes madrecita, saca de cuajo la muerte por un rato y déjame olvidarme de la verdad última, para respirar un poco. Deja que mi pequeñez no pese tanto, deja que mi dolor se muera solo, se vaya con el mar, se lave con tu llanto que limpia. Gracias por los astros de las noches madrecita, por la luna que alumbra, por el rocío y la mañana, por las tardes y los grillos, por el calor del mediodía, por las sombras agazapadas del atardecer. Gracias por los tiempos de tus días, por el silencio de las noches, por el alimento de tu suelo firme.
Yo no se de plegarias madrecita, no entiendo de rezos ni palabras grandes. A mi me dijeron que el dolor lo saca tu canto y se lo lleva en la noche cuando todo es tan liviano como el sueño. A mi me contaron que en las mañanas la espalda pesa menos cuando la pena se vuela y que sale la risa como con el vino, pero sin perderse uno. Sin abandono.
Escucha madrecita, si tienes tiempo. Yo no se como decir, pero cuento mi mirar porque es lo único que se que existe, porque lo veo en mi tierra, sobre tu suelo.
Perdón madre por ser malo, si lo he sido. Perdones por la rabia y por el rencor. Por no tener paciencia. Espero de tu fuerza todos los días.
Nada más madre. Eso es todo lo que tengo para decir.