miércoles, 23 de abril de 2008

Hombre pequeño


Mi abuelo llegó volando desde el Perú. El dice que Mama Oclio se lo enseñó. Que Manco Cápac se enojó al principio y tuvieron una pelea domestica por las cosas que Mama le enseñaba al niño. Que si le mostraba a los otros niños en la sierra todos iban a querer y que los niños se engolosinan rápido. Así que el padre que vino del sol le dijo que no debía negar lo que sabía, pero que tenía que ser discreto. Porque así es como se debe usar el conocimiento, nunca con soberbia. Después se lo llevó a pescar.
El se crió entre los indios y no sabia la lengua de los blancos cuando era chico. Después aprendió eso y tantas otras cosas. Aprendió los recovecos de Lima y que secreto se escondía bajo las piedras milenarias. Supo de barrios bajos y pobreza. Puerto del Callao, fruta picada, pan con té. Escuela de cadetes, cartas de San Martín, la nariz rota a las trompadas el primer día de clases.
Mi abuelo descubrió que había un horizonte más allá de las tierras del Cuzco. Llegó volando desde el Imperio del Oro hasta las tierras del Plata. Como le había enseñado Mama Oclio. Allí fue estudiante, changarin, visitador, obrero. Allí conoció una mujer que lo llevó a la llanura mas grande que haya visto. De esas llanuras que no se ven en la tierra de las sierras, las costas y las selvas. Allí supo del amor y de la necesidad. Aprendió a hacerse una vida y a usar el fuego del carácter para templar la paciencia. Supo del campo y la familia, la distancia, la felicidad. Aprendió a ser gasista, enfermero, soldador, electricista, herrero, poeta, carpintero, bailarín. Aprendió a cocinar y a lavar. A amar y a sonreír. A vivir despacio y mas intenso. El siempre tiene sonrisas. Entendió que las cosas pasan, aunque uno pierda tiempo en enojarse. Así que es mejor esperar la vida con más calma y no perder el tiempo en rabietas.
Mi abuelo es un buen tipo que perdió el pelo pero no las mañas y al que la gente quiere porque lleva consigo la alegría. El renuncia a la juventud de sus rodillas con la soltura casi adolescente de su alma.
A veces se cansa de hacer dulces y repisas. De recorrer las casas y hacer inyecciones, de leer y escribir, de salir en la radio. Entonces vuelve por las noches a volar por el aire del pueblo. La llama a Mama Oclio y a Manco Cápac y recuerda su sangre del Cuzco. Ellos, que siempre lo protegen, lo besan en la frente y le regalan la risa.
Por eso es que duerme poco. Porque de noche vuela hasta la madrugada y ni bien se hace de día, lleno del sol y de la luna, ya quiere salir a mostrarle al mundo lo generosos que pueden ser los dioses del Perú, con ese pequeño hombre que siempre los recuerda.

Foto: Capitan de su calle

1 comentario:

Belen dijo...

es un gran tipo tu abuelo y ademas hace muy buenos dulces! si en el mundo hubiere mas gente como el, no tengas dudas que seria muy muy diferente y por sobre todas las cosas la gente estaria mucho mas risueña!!!!!