viernes, 18 de enero de 2008

Volver al recuerdo de paris


Otra vez dan Casablanca por la tele cuando no puedo dormir y afuera llueve. Parece ficción... de verdad que lo parece.
Ilsa y Rick son mas grandes esta vez que la anterior. Crecen con cada vez que alguien los ve y los nota enormes. Una noche más Rick se lamenta y el mismo y fiel amigo Sam toca otra vez su canción en el piano. Sin que nadie en ningún momento le pida que la toque de nuevo, como dicen por ahí. Cada noche debería ser una noche en Casablanca. Cada día debería ser vivido con el nudo en la garganta de los sentimientos encontrados. Con una ciudad de todos y de ninguno y un jefe francés algo chanta y simpaticón con apellido de coche. Cada espera de tren debería ser en París y con aguacero. Cada última botella debería ser con las valijas hechas huyendo de los cañones. Y luego el recuerdo otra vez de la misma historia…
“De todos los bares de todas las ciudades del mundo, ella tenia que venir justo al mío”
Y la canción y la charla y la borrachera. Y el gordo del “Blue Parrot” que quiere comprar el “Rick´s”. En un mundo donde se canta la marsellesa a viva voz y se ayuda a los buenos sin dinero a que ganen en la ruleta el precio de sus pasajes. Con el viejo y gordo Carl que regentee el lugar y un barman ruso medio loco.
Cada avión que parta debería ser por la madrugada y entre la niebla. Cada vez debería preguntarse por “lo nuestro” y cada vez debería responderse, “Siempre tendremos Paris”.
Si... así la vida sería lo que es pero nunca jamás dejaría la poética a un costado para que todo se muestre gris y demasiado real.
Sin embargo es de noche en buenos aires y dan Casablanca por la tele, no puedo dormir, se terminó el vino, estoy solo y llueve. Sería una buena escena en un guión; pero no hay aviones ni bares ni neblina, ni amigos que toquen en el piano “Según pasan los años”. Claro que puede parecer mentira, pero la soledad es demasiado cierta. Eso trae un poco de tristeza.


Y pocas cosas hay tan reales como la tristeza

2 comentarios:

María dijo...

más allá de tus deseos de arquería, tenés una condición élfica. No porque puedas caminar por encima de la nieve sin hundirte por ser tan liviano. Ni por tu languidez de formas, ni por la perfección de tu arquitectura, o tu agilidad para montar a caballo.
Los elfos tenían eso de la felicidad y la tristeza absoluta.
Vos, aparte de tenerlas cuando es necesario o inevitable, a veces la trasmitís o la producís, sin darte cuenta casi, o totalmente a propósito (nunca lo sabré).
Y pensar que en octubre andabas diciendo en la cocina que necesitabas de tu soledad...
Bienvenido al desierto

Belen dijo...

increible la foto..!! y creo que al texto no puedo agregarle nada..es simplemente maravilloso!