lunes, 2 de junio de 2008

Fulbito



Quien tuvo siesta de potrero conoce la batalla campal de un terrenito en el que los héroes se dibujan en las sombras cortas de la tarde recién empezada y en los vítores y broncas de quienes dan y reciben entre los palos de un arco de ladrillos y puloveres.
Quien acomodo la pelota para un pase tirando una pared con un cordón de la vereda sabe que el picado se juega en donde sea porque todo es un compañero, todo una cancha, todo un escenario fastuoso de clásico de domingo. El laurel pelado que cruza el campo parece el más normal de los escenarios. Nadie se ocupa de un árbol que corta el terreno de juego. Abra que pasarlo también. Y es igual para los dos equipos.
La batalla será relatada de mil formas al llegar a casa y contar como se ganó por un gol, cuando se iba la luz, como se quedaron re calientes, como se colgaron del arco los muy cagones. La epopeya será relatada con puntos y detalles de cada pegada, cada volada del arquero, cada último gol al último minuto.
Y no solo será esta epopeya la que gane terreno literario en la memoria, sino tantas otras contra otros rivales más lejanos. Los de la otra cuadra, los de la vuelta, los de la placita, en el parque contra los de atrás en la cancha de arena, los de la calle de tierra, los de la otra manzana y nosotros contra los de la vuelta y sus primos.
Si la suerte acompaña y es fecha cercana a algún cumpleaños es muy probable que los presentes se deleiten con un balón Nº 5 como los profesionales, cuando no la “Tango”, como un regalo del cielo que da cosa patear y que se raye.
Fijados cada balón y cada fecha en cronogramas inolvidables que serán mañana, si la vida nos permite mantenerlos cerca, condimento para volver a soportar las partes más grises de la vida.
Si no hay cumpleaños o regalo de algún tío… bueno…la pulpo, con su rebote sin control y ese vivoreo en el remate inalcanzable que se pierde en la casa del vecino. Una de plástico, con la que no hay que trabar fuerte porque se abolla, una de goma desinflada que rebota menos pero esta mas pesadita, o una de media, una de voley, una rota por un camión llena de diario. Lo que sea. No importa tanto, lo que sea. Lo que importa es estar ahí y armar equipo, juntarse, hacer pan y queso, pelearse por el saque, armar un arco midiendo el buzo de enfrente, jugar un partido y la revancha y el bueno y el que gana este gana todo y unos penales y unas bases y un loco y un cabeza y un cocacola y unos toques y un fútbol tenis y unos jueguitos y un que no caiga y unos centros y unas atajadas y un uno contra uno y unos tiros a colocar y un paredón y ser por un rato Comas, Barberón, Gorosito, Medina Bello, Rubén Paz, Batista, Tapia, Bochini, Costas, Insua

O el tanque Funes



Foto: Agustin Picotto ( y mascota) por Capitan de su calle

3 comentarios:

Chologol dijo...

Qué lindos recuerdos!!! Pensar que uno es hijo de todo eso. Pensar que si no salimos rápido de este laberinto de asfalto, nuestros hijos nunca sabrán lo que es anocherse tirando paredes con un cordón... o gambeteando libremente al ombú de la plaza. Gracias Funes por ese gol, gracias.

Safira dijo...

ME encanta esa foto de Agustin!!! jajajaja. es genial.. el perro dando el toque final.. Excelente!
Vítores y vivas para el fotografo!
Besos querido!

Pablo dijo...

Chologol querido.
Lo marcado a fuego no siempre es lo malo no? A veces nos marca la belleza de un caño al canasto de la basura en la vereda.
Que será de nuestros hijos no?
Esperemos que sean tan felices como los que pudimos disfrutar de verdad del potrero, la siesta, la calle desierta.

Esperemos que si.

Saludo de gol.


Safira: Gracias por los halagos! Es genial el perro no?
jajaja, lo mejor es que le decia que se quedara quieto y se quedaba.
Agu en esta foto está chiquito. Ahora no entraria en el recuadro! Animal...no puede seguir creciendo, tiene gigantismo!!!
besos