
Gunter Vorlallenen era un humilde campesino alemán del poblado de Desastrosen. Un día común y corriente, su mujer preparó la comida y llamolo al banquete nocturno de cada fin de jornada. Gunter manduco sus salchichas con chucrut con voracidad hasta el ante ultimo bocado. Ahí se atoró.
Fue tal el espamento de ese pobre tipo que su mujer creyó que hablaba en lenguas. El pobre Gunter saltaba por la cocina, se daba con una sartén en la garganta y tomaba carrera para estrellarse con el pecho contra la pared. Nada era suficiente para bajar el tremendo pedazo de salchicha con chucrut que tenía en la garganta. Gunter era corpulento, pero al cabo de unos 10 minutos sin respirar perdió el conocimiento.
Fue allí que experimento un increíble viaje astral.
Salió de su obeso cuerpo y comenzó a flotar por la habitación. Vio a su mujer golpeándole el estomago con una garrafa a su hijo metiéndole un tenedor en la boca y a su hija gritando ¡soy lesbiana papá! ¡soy lesbiana!
Gunter se sintió liviano como una pluma y comenzó a flotar por la casa. Allí vió su trofeo de tiro al turista, a Víctor Sueiro apagando la luz del baño y una foto de perón que nadie sabe por que carajo estaba ahí. Luego salió por los campos y encontró entonces a los duendes del repollo, que lo llevaron por los bosques y le dieron de fumar un cacho de pasto seco que lo dejó de cama. Vivió las antiguas costumbres de las hadas, que cantan cada noche el himno de los champiñones y se clavan un hongo.
Luego descubrió que su espíritu podía recorrer el mundo en un segundo astral. Así es que visitó las casas de la tundra rusa, donde hace un tornillo que ni te cuento. Las planicies árabes donde los beduinos se sacan los mocos y el fondo del mar, donde viven las sirenas, que cazan subcomisarios de la federal para ser sirenas de policía.
De repente sintió que algo lo chupaba. Algo lo llevaba de nuevo a su tierra. Una fuerza incontenible lo imantaba a su cuerpo. Al llegar a su casa vió a la gorda dándole un ultimo garrafazo que hizo saltar el pedazo de salchicha por el aire. En ese momento volvió a su cuerpo.
Sus hijos lo ayudaron a incorporarse y lo sentaron en su silla de la cocina. Entonces vió todo con claridad. Miró a su hijo, con sus 35 años y sin haber trabajado nunca en la vida, su hija, que vive en la casa de él con su marido, sus 2 cuñados y sus 8 hijos. Su mujer que hace tortas para la sociedad de fomento de la anguila voladora pero es incapaz de hacer de comer otra cosa que no sea salchichas con chucrut y que cada mañana lo despierta con esa voz que tiene, de teletubbie con convulsiones.
El hermano de su madre, que quiere hacer plata haciendo estatuas con pelo de chancho y su sobrino, que no se baña desde que terminó el comunismo.
Sin decir una sola palabra se fue a su habitación, cargo la Winchester y salió de ahí a corchazo limpio contra toda la parentela que se le cruzara. Le descolocó la mandíbula al tio, le bajó la dentadura al abuelo, le puso dos garrafazos en la cabeza a su mujer y le acomodo las ideas al hijo a patadas en el tujes. Agarró de los pelos a cada uno de la parentela y los arrastró hasta el portal, los acomodó a trompadas uno por uno y al final, entró a la cocina y le sacudió unos 14 tiros a la garrafa hasta que le dio en el medio y reventó la casa como un pochoclo.
Una vez que todo estaba liberado de incómodos parientes, Gunter buscó entre los escombros una buena lata de cerveza y se sentó en su mecedora a contemplar su nueva vida.
Luego llamó a los duendes y las hadas y ahora vive en una fiesta loca y vende artesanías en la feria de su pueblo, en la destrosenfest, donde es miembro honorario. Se afilio al coro Kennedy y los miércoles hace ikebanas que manda por correo a los niños de Parque Chas.
Claro que su paz interior tuvo un costo.
Luego de aquel violento hecho Gunter pasó a ser el malo de la familia. Pero eso, a el, ahora le chupa tres velines.
Gunter Vorlallenen, un liberado personaje mas de…TESTIMONIOS.